IA o no IA
El 2025 inició con un debate, el uso de la Inteligencia Artificial. Si bien para inicios del 2000, muchos vivimos la controversia de la expansión del Internet y su afectación para las instituciones educativas, debido a la apertura de la información; sin embargo, con las décadas han aprendido a coexistir. Entre el 2012 y el 2013, los países intentaron limitar el acceso a la información y entretenimiento desde otros países, es decir, hacerlo local al país. Miles de usuarios nos unimos por la apertura a la información. Así mismo, entre el 2014 y el 2015, se buscó que la sociedad tuviera conciencia del uso de su información (cookies) y cómo esta estaba a alimentando el algoritmo de los buscadores más usados. En poco tiempo, hoy después de pandemia, tenemos la controversia de la introducción de la Inteligencia Artificial (AI), como parte del portafolio de habilidades digitales.
En diversas fuentes, se ha publicado que la IA, está ayudando a disminuir el tiempo en ciertas tareas, para otros es una herramienta de asistente personal y para la educación es nuevamente una piedra en el zapato. Una de las críticas que se está haciendo, es que la juventud, que aún no fortalece del todo su pensamiento crítico, está creyendo sin investigar todo resultado que le ofrezca la IA. Esto no es nuevo para la población digital, ya que recordemos que lo mismo estaba sucediendo con el algoritmo de los buscadores. El verdadero problema no está en el uso de la tecnología, sino el que no se cuestiona el origen de la información; que mucho tiene que ver con la capacidad de pensamiento crítico desarrollado en cada individuo.
Si lo vemos desde la perspectiva de la lectura en México, donde apenas un 43% de la población alfabeta, lee 3.9 libros al año (INEGI,2020) , nos da una visión de lo poco que incentivamos la lectura. Al no haber una disposición por la lectura, disminuye el interés por practicar la curiosidad por la investigación, que se debe dar desde la escuela, y el desarrollo del pensamiento crítico, que debería ser el resultado de lo que se genera en casa y en la escuela. Es así que, cuando los infantes y adolescentes, comienzan a buscar información como parte de sus habilidades digitales, es poco probable que por iniciativa propia se adentren a cuestionar los resultados del navegador. Así también sucede con las resoluciones de la IA.
Como docente, observo como los estudiantes prefieren resolver de manera rápida y sin cuestionar la validez de los resultados que le ofrece la Inteligencia Artificial. Esto no es un dilema de hoy, desde antes de la pandemia ya existía el problema de la falta de desarrollo e interés por el pensamiento crítico. Algunas instituciones lo trataron de disminuir el problema con materias de pensamiento matemático y creativo. Desgraciadamente, hoy en día los trabajos buscan que se resuelvan los problemas lo más rápido posible, los “apaga fuegos”, pero no se generan soluciones creativas que fortalezcan la innovación.
El uso de la Inteligencia Artificial, no va solo con su presencia, se acompaña del ritmo de vida hacia la practicidad y el bajo interés por el pensamiento crítico. Así que debemos darnos la tarea de acompañar a las nuevas generaciones, en la activación de la lectura y el cuestionar, para el fortalecimiento de la atención, transformación de la información y la comunicación, y no creer que lo primero es la mejor y única opción.
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